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Una exposición de la memoria en realidad virtual

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admin saludable
Escrito por admin saludable

Dan Archer, periodista gráfico británico, registró algunas voces del conflicto colombiano en una experiencia 360° de realidad virtual.

El Centro de Memoria Paz y Reconciliación de Bogotá albergó esta semana una exposición poco convencional. Al entrar a la sala de exposiciones en la que se encuentra ”Espacios Inmersivos de la memoria” el espectador puede apreciar paneles dispuestos con unas viñetas hechas por el periodista gráfico Dan Archer. Hasta aquí nada fuera de la común.

Archer usa los comics para enfrentar a la gente a historias reales: “Me veo más como un documentalista frustrado. Siempre he dibujado mis historias desde una perspectiva de primera mano. Utilizo los cómics para preservar la identidad de las víctimas sobre todo en temas sensibles”.

Sin embargo, las viñetas son solo un primer paso, una ventana que debe ser abierta por las pantallas móviles de cada visitante a la exposición. Al ubicar el teléfono celular en unas gafas adecuadas para experimentar la inmersión, el espectador llega a un nuevo escenario, una viñeta sobre una habitante de Puerto Berrio. Empieza a correr un video en el que aparece alguien que cuenta una historia alrededor de las tumbas de los NN en este pueblo antioqueño.

En 2014, el artista colombiano Juan Manuel Echavarría reveló a través de Réquiem NN la práctica generada por los habitantes de Puerto Berrío alrededor de los cuerpos rescatados que bajaban por el Magdalena medio. Una bella metáfora a la dignidad que aun después de muertos recobran (y claman) estos cuerpo gracias a los habitantes de este municipio quienes, al darles un nombre y enterrarlos en el cementerio de su pueblo, empezaban a ser parte de la comunidad, de la vida de quien adjudicaba un nombre.

Dan Archer nos transporta a ese lugar.  Al inicio parece ser un video cualquiera, pero la clave está en  experimentar el lugar y poder verlo a gusto de cada quien en 360°. Se escucha el entorno, el río, un escenario que transporta a lo que parece una tumba. Se ven los sepulcros y se leen los nombres  mientras una habitante del municipio hace las veces de guía y relata su propia historia con su NN.

Archer es un periodista gráfico que ha trabajado para la BBC, el Washington Post, El País de España entre otros medios europeos y norteamericanos. Sus historias se hacen desde la voz de las víctimas y sobrevivientes.

“Este tipo de espacios además de ser una alternativa, llega a una audiencia más amplia, precisamente por los recursos multimedia que usa. Con ello se pretende atraer la falta de interés que muchos sienten hacia estos espacios e historias. Sobre todo cuando se piensa que la memoria es algo ya hecho, escrito y acabado”, explica el periodista.

Luego de pasar cada viñeta y video en 360°, se pasa a una experiencia más interactiva, un recorrido por la casa de la memoria de Granada (Antioquia).

Para aquellos que no conocen dicho lugar de memoria es la oportunidad de caminar por sus pasillos, tomar objetos, escuchar experiencias en primera persona.

El periodista afirma que quiso utilizar el poder, la potencia de esta tecnología para contar esas historias y dar más luz a los sujetos y comunidades olvidadas que no suelen aparecer mucho por los medios.

La experiencia casi sinestésica encuentra allí su fuerza. Una cosa es leer o escuchar sobre el río Magdalena por donde bajaban los cuerpos, pero otra es gracias a esta experiencia, ver el río, escucharlo, sentir que se puede caminar cerca de él mientras habitantes del lugar cuentan sus historias alrededor de este mítico afluente del conflicto armado colombiano.

Archer reconoce los límites de esta tecnología: “Muchos aseguran que es una “máquina de empatía”, y sí, puede funcionar en algunos casos. Pero lo veo más como el comienzo de un discurso, de un diálogo, ya que esas experiencias duran muy poco, alrededor de unos 5 minutos. Es más como dar una probada de esas historias para hacer que la gente tome la iniciativa, y gracias a la curiosidad los lleve a conocer más sobre estas historias”.

¿Por qué escogió estas historias?: “Quería representar los aspectos diversos del conflicto. En Santa Ana (Corregimiento de Granada, Antioquia), por ejemplo, se presentaron muchos casos de falsos positivos; Puerto Berrío, tenía que ver con los ríos cementerios; Bucaramanga y los desplazados; en Vista Hermosa (Meta), las minas. Sé que esos acontecimientos no definen a una comunidad, lo que quería era mostrar las caras distintas de cómo se puede ver el conflicto”.

También visibilizar la presencia compleja de distintos actores armados en una región. Por ejemplo, en lugares donde se cree solo hacían presencia las Farc o los carteles de la droga, pero donde también había presencia paramilitar.  “Pero también quería mostrar que las víctimas no se definen por lo que pasó”, afirma el reportero.

Y es que el conflicto tiene aún historias por contar e historias inconclusas. De estas quizás las más dolorosas, por alargar el martirio, las de los desaparecidos. “Por ejemplo, una madre en Santa Ana aún sigue buscando y ofreciendo recompensa por cualquier información por la desaparición de sus tres hijos a manos del ejército”, recuerda Archer, y agrega: “Veo este tipo de historias como  algo que aún podemos seguir contando, agregando”.

Rostros, nombres, biografías concretas. Más allá de las cifras que a veces tienden a banalizar el conflicto y a perder en un mar de datos las vidas de los sobrevivientes y las víctimas, Archer propone rescatar esas narraciones: “Lo veo más como una constelación de voces y rostros distintos. Así, poco a poco vas ampliando la perspectiva del universo del conflicto. Mi intención no es definir el conflicto armado colombiano, es casi imposible. Aunque muchos libros intentan determinar las raíces del conflicto, yo intento hacer una versión fragmentada y provocativa”.

La idea es volver a los lugares donde estuvo haciendo su trabajo de campo y mostrar el resultado final del mismo, escuchar que opinan quienes colaboraron en el proyecto y cómo se sienten, “es imprescindible, lo más importante”, dice Archer.

“La idea también es llevar algunos talleres para enseñarles a los habitantes de estos y otros lugares cómo hacer historias parecidas, aunque sin tanta tecnología, pero sí a través de sus propios smartphones hacer fotos, vídeos 360 y agregar un poco de audio” para que los mismos sobrevivientes cuenten sus propios relatos, afirma también el comunicador.

Finalmente, pregunto por un punto importante éticamente: el entroncar temas sensibles de esta naturaleza con la tecnología  de la realidad virtual o los comics, ya que muchos pueden considerarlo como mero entretenimiento. Sin embargo la idea, dice Archer, “también es acercar a los más jóvenes a este tipo de experiencias difíciles de decir. Los más jóvenes, los nativos digitales, logran relacionarse mejor con esta tecnología, se convierte en un gancho para empezar a interesarlos por la memoria y las historias del conflicto. Creo que el medio es un estigma que debemos superar. Incluso muchos aseguran que es un lugar distinto al real, yo lo veo como un suplemento, no intento que esto reemplaza el lugar real”.

 

Fuente:  http://www.elespectador.com

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