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¿Qué venenos hay en tu cuerpo?

admin saludable
Escrito por admin saludable

Antes de hablarles sobre mi orina, déjenme enfatizar que debía haber estado limpia

Hace casi una década, me impactó un reportaje que hice sobre una clase de sustancias químicas tóxicas llamadas disruptores endocrinos. Están asociados con el cáncer y la obesidad, y también parecen feminizar a los machos, de manera que los cocodrilos desarrollaron genitales atrofiados y el pez lobina de boca chica produjo huevos.

En los humanos, los disruptores endocrinos se asociaron con espermatozoides de dos cabezas y conteos de espermatozoides reducidos. También se consideraron culpables de un aumento en testículos sin descender y un defecto congénito llamado hipospadias, en el que la uretra sale por un lado o la base del pene en lugar de su punta.

Así que durante años he tratado de limitar mi exposición a las sustancias químicas que son disruptores endocrinos. Siguiendo los consejos del Panel Presidencial del Cáncer, como alimentos orgánicos para reducir la exposición a los disruptores endocrinos en los plaguicidas. Intento guardar la comida sobrante en contenedores de vidrio y no de plástico. Evito tocar recibos de los cajeros automáticos y las gasolineras. Trato de evitar los muebles con retardantes de llamas.

Todos esos son fuentes comunes de disruptores endocrinos tóxicos, así que me imaginé que mi orina saldría prístina en la prueba. Tan pura como un riachuelo de montaña.

El Silent Spring Institute, cerca de Boston, que estudia la seguridad química, ofrece un “Kit de Acción para Desintoxicarme” para ayudar a los consumidores a determinar cuáles sustancias dañinas hay en su cuerpo. Siguiendo las instrucciones, congelé dos muestras de orina (advertí a mi esposa e hijos ese día que tuvieran cuidado con lo que sacaban del congelador) y las envíe por un servicio de entregas para que las analizaran.

Por cierto, la prueba también es para mujeres. Los hombres pueden brincar cuando leen sobre los penes miniaturizados de los cocodrilos, pero los disruptores endocrinos también se han asociado con el cáncer de mama y varios tipos de cáncer ginecológicos. El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos advierte a las mujeres que los disruptores endocrinos también pueden causar abortos espontáneos y defectos fetales, entre muchos otros.

Mientras esperaba los resultados del laboratorio, continué revisando las últimas investigaciones. Laura Vandenberg, de la Universidad de Massachusetts en Amherst, envió un extraño video de un ratón expuesto a un disruptor endocrino común que daba volteretas hacia atrás sin parar, como un tipo de tic nervioso.

En efecto, tenía un nivel bajo de BPA, ahora muy conocido porque las botellas de plástico a menudo presumen estar “libres de BPA”.

Sin embargo, incluso un estudiante diligente como yo reprobó el examen. Y tremendamente. Tenía niveles muy altos de un sustituto del BPA, llamado BPF. Ruthann Rudel, un toxicólogo que es jefe de investigación en Silent Spring, me explicó que las empresas están cambiando al BPF aunque de hecho podría ser más nocivo (el cuerpo tarda más tiempo en descomponerlo).  El BPF es similar a esa sustancia que hacía que los ratones brincaran hacia atrás.

“Este tipo de sustituciones deplorables —cuando las empresas eliminan una sustancia química con una mala reputación muy conocida y la sustituyen con un agente malo poco famoso— son demasiado comunes”, me dijo Rudel. “A veces los científicos ambientalistas pensamos que estamos jugando un gran juego en el que eliminamos una cosa pero surgen otras con las empresas químicas”.

Suspiro. Pensé que era un virtuoso por evitar los plásticos con BPA, pero quizá he estado causándole un mayor daño a mi cuerpo.

Mi orina tenía un nivel promedio de un disruptor endocrino llamado triclosán, tal vez proveniente del jabón o la pasta de dientes. Al igual que la mayoría de las personas, también tenía fenoles clorados (posiblemente por las bolitas de naftalina en mi clóset).

Tenía un nivel alto de un retardante de flamas llamado fosfato de trifenila, quizá por un acabado para pisos, que podría ser “neurotóxico”. Uy. Siempre que vean fallas en mis columnas, serán mis neurotoxinas.

Las acciones que tomé ayudaron, y recomiendo que consulten las guías para el consumidor en ewg.org para reducir la exposición a sustancias químicas tóxicas. Así mismo, si hubiera descargado la aplicación Detox Me para teléfonos inteligentes, habría sabido cómo deshacerme de la naftalina, los aromatizantes de ambiente y las velas con esencias (lección de ciencias: una casa menos fragante significa pipí más limpia).

Sin embargo, también me quedo con que los cabilderos de la industria química han amañado el sistema de manera que los consumidores no podamos protegernos de manera adecuada.

“No tendrías que ser un doctor en toxicología para mantenerte a salvo de muchas de las sustancias químicas usadas”, dijo el doctor Richard Jackson, de la UCLA. “Mucho de aquello a lo que estamos expuestos está mal probado y peor regulado”.

El gobierno de Trump ha magnificado el problema con su relajación a las regulaciones de sustancias como los clorpirifós, el insecticida de Dow Chemical con efectos sobre el sistema nervioso. El pantano ha ganado.

Así que la lección más triste es que incluso si entiendes el peligro y tratas de protegerte a ti y a tu familia —como lo sugiero ampliamente— tu cuerpo podría estar contaminado de todas formas. Las empresas químicas gastan decenas de millones de dólares en su cabildeo y han obtenido la regulación más laxa que el dinero puede comprar.

Están dirigiendo el espectáculo, y los consumidores somos sus ratones de laboratorio.

 

Fuente: https://www.debate.com.mx/

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